atrapa tus sueños

Un camino empieza con el primer paso

Viajar permite conocer nuevas formas de ver el mundo: las experiencias adquiridas ofrecen un saber para la vida. Aquí comienza mi aprendizaje.

5 meses antes de cumplir mis 15 años me subí a un avión por primera vez sola rumbo a Italia.

Fue en esa cuna milenaria que entendí que viajar era una de las cosas que más amo hacer.

Italia fue el destino al que decidí volver en las vacaciones de mi primer trabajo y en 3 oportunidades más.

Recorrer esas callecitas llenas de historia me impulsaron cada vez, a buscar aquello que me hace feliz.

Y viajar se convirtió, entre otras cosas, en mi meta.

Conocer nuevas culturas, apropiarme de cada rincón y descubrir que ser una Trotamundos es algo que me apasiona.

El poder de las palabras

Hace 22 años no existía toda la tecnología que tenemos hoy. Lejos de emails y chats, las cartas manuscritas conectaban las vivencias en todo el mundo.

Fue así como en ese primer viaje a Italia, conocí a chicos de mi edad en ese entonces, e intercambiamos nuestras direcciones para escribirnos.

El ida y vuelta no se hizo esperar: a las 2 semanas de haber regresado a mi casa, tenía una carta en mi mesa de luz.

Fue muy gracioso comprobar que el remitente era de una chica de Filipinas, con la que me había comunicado en mi rústico inglés, y por supuesto, la carta estaba en el mismo idioma.

Por suerte en casa contaba con mi mamá que es traductora de inglés y que en cada oportunidad me ayudó a transmitir mis ideas.

Me importaba conocer los intereses de esa nueva amiga, por lo que traducir la carta era algo fundamental, más en un momento donde internet estaba en pañales.

Comenzó entonces, un relato de lo que me ocurría en este lado del océano plasmado en una hoja de papel que viajaba miles de kilómetros.

Sin darme cuenta, estaba forjando las bases de lo que muchos años después sería mi principal elección: comunicar.

Con los años, todas esas historias se transformaron en intercambios de mails, y posteriormente llegaron las redes sociales.

Derribando límites

En viajes posteriores, hice más amigos de otras nacionalidades, el idioma no era un problema: además de mamá, tenía a google de mi lado.

Recuerdo una de mis vueltas a Italia, donde conocí a una chica del norte de ese país, y con la cual nos hicimos muy amigas.

En una oportunidad, me invitó a pasar unos días en su casa que quedaba muy cerca de Venecia, y yo que moría por conocer la ciudad de los canales, acepté encantada.

El momento llegó y fuimos al destino tan ansiado. Mi amiga hablaba español, para mi suerte. Pero sus dos amigos que nos acompañaron, ni una palabra.

Podemos decir que hay ciertas similitudes entre ambos idiomas, pero valió más mi voluntad de compartir, un par de señas y la ayuda de mi amiga.

Fue una experiencia muy divertida. Entendí que no hay más barreras  que las que se pone uno mismo.

Esos recuerdos los guardo para siempre. Y fue esa experiencia la que me enseñó a que cuando amas algo no hay límites en tus posibilidades para hacerlo y disfrutarlo.

Animarse

Solo depende de vos, dar ese primer paso.

Por eso, una experiencia que significó mucho para mí, fue la de dar un curso al exterior por primera vez.

Hace 5 años, me convocaron para dar una capacitación a profesionales de recursos humanos en Ecuador.

Estaba un poco nerviosa. Si bien tenía mucha experiencia dando talleres en Buenos Aires, lo nuevo a veces genera una expectativa especial.

Entonces me subí al avión (una vez más) y emprendí este viaje que cambiaría mi vida.

El primer día a las 9 de la mañana, me encontré frente a 15 personas que me esperaban en un salón. Miraba sus caras atentas, y sabía que tenía que romper el hielo.

No soy una gran contadora de chistes, pero en ese momento apelé a la llave maestra de toda situación embarazosa: el humor.

Si ven que me voy inclinando, es porque soy una chica de llanuras lancé casi tímidamente esperando reacción.

Las risas no tardaron en aparecer. Mi juego con la altura de la ciudad de Quito sirvió para distender el inicio y reafirmar mi talento.

Aprender

Los viajes como muchas experiencias en la vida, nos dejan un gran saber. No hay nada que no nos enseñe algo: hay que saber escuchar nuestra voz interior.

De eso se trata, el hacer lugar a nuestro deseo, y sobre todo confiar en uno. Anímate a salir de tu zona de confort.

Explorá, buscá, preguntá, a veces no es fácil, pero te aseguro que la ganancia lo vale. Apostá tus energías a aquello que te apasiona, a lo que amas.

Aprendé cosas nuevas, desafíate en cada obstáculo. La fuerza que tenemos dentro, muchas veces es incalculable.

Steve Jobs decía sino trabajas para tus sueños, te contratarán para trabajar por los de alguien más. Suena una frase hecha, pero es cierto.

Por eso, rodéate de gente que te inspire, que te motive, de la que aprendas. No hay un tiempo límite para empezar.

Muchas veces pasamos por situaciones que nos desaniman y pensamos en tirar la toalla. Fue el caso de mi primer proyecto independiente.

Tuvo muy buen alcance, pero con el tiempo entendí que no me llevaba al lugar que quería estar.

Y creer que podía reinventarme fue lo que me llevó una vez más a confiar en mis ideas.

Siempre me gustó ayudar al otro, fue cuestión de cambiar el foco del cómo. Y empezar de nuevo.

Por eso muchas veces hay que reinventarse sin perder la esencia. Y transformar la experiencia en nuevas herramientas.

Por eso, nunca me imaginé la satisfacción que sentiría al ver fluir mis ideas en un pedazo de papel.

La creatividad funciona cuando pensamos en aquellas cosas que nos hacen felices. En cada quién hay un motor que espera ser encendido.

Animate a atrapar tus sueños, a no quedarte con la idea en el tintero.

La vida es una, sino es ahora ¿cuándo?

 

En el próximo #atrapatussueños te cuento cómo luego de trabajar en muchas cosas que me gustaban y llenar mi agenda, aprendí a darle valor al tiempo para mi.

 

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