atrapa tus sueños

El valor del tiempo

Darse tiempo para uno en ciertas ocasiones no resulta fácil. En este post te cuento cómo fue mi proceso para recuperar este tesoro tan preciado.

Con el título secundario en trámite, conseguí mi primer trabajo. Recuerdo que fue una calurosa mañana de enero, cuando sonó el teléfono de mi casa.

En ese momento, recién empezaba la moda de los celulares, por lo que en cada llamado tenía a mi familia escuchando la novedad.

Estaba feliz. Por fin iba a tener mi independencia, o lo que significaba para mí en ese momento.

Trabajé un tiempo en aquella empresa hasta que surgió una propuesta para ingresar en un importante banco.

Allí estuve por tres años. En un momento, tuve la oportunidad de pasar a otro sector más relacionado con lo que estaba estudiando.

Pero apareció el ofrecimiento para incorporarme a una obra social como asistente de gerencia y redoblar la apuesta: por este puesto iba a trabajar full time.

En ese entonces tenía la convicción de que quería hacer carrera en una empresa. Y que eso, era lo importante.

Era una posición que requería mi atención antes de levantarme: a las 7 de la mañana tenía un mensaje en el celular de mi jefe preguntando por los mails del día anterior.

Entendí que mi horario no iba a ser exactamente el reglamentario. A mayor responsabilidad, pensé, mayor demanda. Y así fue.

Empecé a llegar a la facultad con mucho sueño. Durante el día no paraba un minuto, cada tarea me consumía mucha energía.

Llegaban los fin de semana y solo quería dormir. En ese entonces, comencé a cantar en el coro del que aún soy parte. Era mi único cable a tierra. Para el resto, no había tiempo.

Me atrasé en la cursada de la carrera, pero yo seguía sosteniendo que lo importante era llegar lejos. Y claramente llegué, no registré ninguna señal.

Luego de mis vacaciones del segundo año, la institución cambió de dueños, y con la salida de mi jefe, me invitaron gentilmente a seguir el mismo camino.

Un cambio, pensé. Me duró dos semanas. En menos de 15 días estaba trabajando para una constructora en un puesto similar.

Seguí en piloto automático un par de meses más. Cada vez eran más los finales de materias que dejaba, el cansancio se había apoderado de mi.

Entraba de noche y salía de noche.

La falta de luz en mi día, me hizo notar que las horas pasaban delante mío y que no estaba

disfrutando de las cosas que me hacían bien.

Un sacudón para comenzar

Una tarde de agosto, al salir del trabajo, recibo un mensaje de una amiga a la cual no veía hacía varios meses.

Sin prestarle mucha atención, camino dos pasos y me detengo: había sido su cumpleaños.

Vuelvo a ver el mensaje, y efectivamente, como no había asistido a la reunión en su casa, me preguntaba cuándo nos podíamos encontrar.

Reviso desesperadamente los mensajes y me doy cuenta que lo había leído, pero en la vorágine de la semana, me olvidé por completo.

Me sentí fuera de lugar. De repente, como si fuera una película, se me vinieron a la mente las imágenes de mi vida los últimos meses: solo veía la oficina.

Quizás para mi amiga no fue tan terrible, pero para mi, fue la señal de que algo tenía que cambiar.

Empecé a buscar un trabajo part time. Encontré un puesto en una empresa que me permitía disponer de mis horas y tener tiempo para terminar de estudiar.

Había entendido que lo verdaderamente importante para mi estaba en otro lugar. Y no entre cuatro paredes intentando escalar en un puesto.

El despegue final

Pasaron algunos años, terminé la carrera y comencé en paralelo a dedicarme a mi profesión.

A veces, pueden pasar varias vueltas al sol para darnos cuenta de que estamos en nuestra zona de confort.

Y así sucedió. Me sentía a gusto en la empresa, y por las tardes había comenzado a trabajar por mi cuenta en orientación laboral.

Gané mucha experiencia y también notaba que otra vez, mi agenda estaba llena.

Pero era difícil pensar en dar el salto, cuando tenía mucha antigüedad en el trabajo y el modelo tradicional de trabajo aún tenía peso.

Fue al regresar de mi último viaje, que comprendí que quería hacer un cambio en mi estilo de vida.

Viajar es una de mis pasiones, y cada vez era más complicado coordinar las fechas en la empresa y por otro lado, necesitaba más tiempo para mi.

Pero esta vez, a diferencia de la anterior, el cambio radicaba en cómo iba a encarar lo que siempre me gustó hacer: ayudar a los demás.

Trabajando muchas horas, pensaba que era complicado empezar. Sin embargo, organicé mi tiempo, y dispuse de dos horas por día, para ir de a una cosa por vez.

Empecé a capacitarme en nuevas herramientas que me permitieron desplegar toda mi creatividad y poner en marcha mi principal objetivo: ser dueña de mi tiempo.

Fueron varios meses de preparación, en los que maduré la decisión que había tomado al bajar del avión: renunciar a mi trabajo en relación de dependencia.

La inversión que realicé en este proceso de transformación significó muchas horas de formación y elaboración.

Pero si queremos ser artífices de nuestro destino, debemos apostar en lo que creemos e ir por ello.

Nada sucede solo con mirar. Por eso, la planificación es algo clave para el desarrollo de una idea. Ir paso a paso.

Una vez más, fui a atrapar mis sueños. Pero en esta oportunidad, puse toda mi pasión y dedicación.

Descubrí que volver a lo esencial, es parte del aprendizaje del emprendimiento y que te lleva a la cima.

Ese tesoro tan preciado que recuperé, lo disfruto en lo que me hace feliz: ayudar a los demás a concretar sus metas.

Jugate a disfrutar de tu tiempo en las cosas que más te gustan, a vivir de lo que te apasiona.

¿Te animás a emprender este viaje? Si querés que te acompañe en este recorrido, esta experiencia es para vos.

 

En el próximo #atrapatussueños te cuento cómo los vínculos de confianza e inspiración, fueron y son, una fuente de energía para concretar mis objetivos.

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